Oblivion

Más crónicas de días grises

    31 octubre 2005

    Mis horrososas cartucheras

    uh-uh...

    Ellos eran amigos del novio de alba y, aunque me cayeron genial, tuvieron la ocurrencia de sacar un tema de conversación que me estaba mosqueando.

    - Y es que vale, pero después de los 15 años el cuerpo de la mayoría de las mujeres no hace sino ir a peor y peor y peor –soltó Pablo.

    Yo me acordaba de algunas de esas mujeres superiores a los 40, o incluso más mayores, que seguían siendo increíblemente atractivas e incluso conservaban un tipo admirable.

    - ¡Es cierto, es cierto! –dijo Juan-. Enseguida les empiezan a salir caderas y caderas, y una celulitis que les invade las piernas… ¡y luego están las arrugas! Desde luego, es inevitable: no hacéis sino ir a peor.

    Y no es que yo sea feminista (trato de reprimir mis impulsos asesinos hacia ciertos camaradas hombres, ya veis), pero a mi a cualquier edad me gusta mucho más un cuerpo de mujer que de hombre. Lo siento mucho, pero es así.

    Y ellos dale y dale y dale… Y Alba y yo calladas (aunque yo enseñaba los dientes), las dos creo que contándonos los complejos y sintiéndonos cada vez un poco más y más miserables. Alex y Manu callados, claro, por la cuenta que les traía. Aunque casi daban ganas de que hablaran, ¡si!, que abrieran la boquita para decir “estoy de acuerdo, sisi” para que una de las dos se volviera con un movimiento de escorpión y bramar “¡¡PUES ESTE CUERPO TAN LLENO DE CELULITIS Y CADERAS NO LO VUELVES A TOCAR EN MESES, GILIPOLLAS!!”.

    Pero nada, se estuvieron callados y siguieron los otros con la gracia. Mira que tampoco venían en nuestro auxilio, ¿eh? Que mucho te quiero y mucho abracito y mucho te-como-la-oreja pero ellos nada, mirando pa´ otro lao. Qué se le va a hacer.

    Entonces Juan, que estaba a mi ladito, me soltó aquello de “¿Laura, y tus cartucheras…. Qué tal van?”

    Y yo, que iba ese día con una minifalda corta cortísima, me tragué los complejos y estirando así un poquito la pierna para que la mini subiera un poco más, le dije, arrastrando las palabras despacito…

    -Oh, no sé… ¿Tú como las ves?

    Juan siguió mi mirada hasta el muslo desapareciendo bajo la falda y se puso rojo. Rojo rojo rojo rojo rojo. Profundo carmesí, creo que se llama ese color. Y se calló.


    Estuvieron majos y recataditos el resto de la tarde.

    PD: Voy a ser la vampiro más guapa de Madrid ^^

    28 octubre 2005

    Lo que me pasó ( XX )

    Is why they call me a sullen girl... a sullen girl.

    No fue sólo del Noir y de Gabriel de donde me fui. Me fui de cada acera, de cada ventana, de cada escasa brizna de hierba que allá se encontraba. Me fui de todo aquello, y siempre andaré huyendo de allí, desde aquel día.

    Acababa de despedirme de Mara, mi amarga y pobre Mara, cuando me dirigí a casa de Gabriel. No lo he dicho, pero llevaba una pequeña mochila, y en la mochila una pequeña carpeta, donde había un regalo para él. Salí del Noir y estuve perdida como una hora, vagabundeando por los alrededores, intentando calmarme un poco, tratando de dejar la mente en blanco. Evitando ceder a aquellas malditas ganas de volver a mi casa y no salir nunca más, mientras la brisa de mayo me revolvía el pelo corto. Pensando cómo diablos hacer lo que tenía que hacer, aunque por Diox que ni sabía qué hacer exactamente, y estaba segura de que ningún dios saldría en mi ayuda tampoco esta vez.

    Era un día soleado. Había sido un día de esos con el cielo claro y límpido, intensamente azul, increíblemente radiante; y ahora el sol se ponía tiñéndolo todo de fuego, jirones de nubes naranjas y amarillas haciendo increíbles remolinos ardientes. No hacía ni frío ni calor, la temperatura era perfecta, y los pájaros (marrones y negros, teñidos de ciudad) trinaban por última vez antes de dormir.

    La luz del atardecer se filtraba también entre las hojas de los árboles de la calle de Gabriel. Todavía tenía que estar en casa. Y la pequeña mochila me pesaba como si cada hoja fuera una matanza, como si cada palabra fuera un muerto.

    Porque, y lo diré ahora, en verdad no lo quemé todo. Es cierto que arranqué páginas de mis diarios, que las quemé con las fotos en un descampado, llorando. Pero el resto, el registro en mi diario de aquel año en el infierno, estaba allí. Todos mis muertos, todos los golpes, todos mis polvos. Todo mi amor desesperado, primero a Gloria y luego, sobre todo, a Gabriel. Todo lo que he contado aquí, y aún más: porque era mi tormento de cada día tomar el cuaderno y escribirlo todo con la garganta lanzándome arañazos en forma de lágrimas a los ojos.

    Porque el 27 de mayo sería su cumpleaños, 26 tacos, y para entonces yo ya habría huido de él.
    Feliz cumpleaños, Arcángel.

    Llegue despacio al portal de Gabriel. A mi lado, pasaron dos góticos que probablemente se dirigían al Noir, y entonces casi eché la marcha atrás, porque sabía que yo jamás volvería a entrar allí. Pero me recompuse, con el corazón hecho pulpa, y llamé a su timbre.

    Casi, casi podía verlo. Gabriel sentado de cualquier manera en su cama, el rubio y largo cabello recorriendo la espalda, tocando su guitarra eléctrica. Los ojos grises y claros entornados, siguiendo el curso de sus dedos, y, de pronto, la parálisis. Él sabía como llamaba yo. Su mirada se arrastra de la guitarra a la pared y sigue el curso de la puerta entreabierta hasta el pasillo, de dónde venía el ruido. Despacio, deja la guitarra en la cama y se dirige con pasos elásticos y largos hasta el telefonillo...

    -Sí –sonó entonces.
    -Soy yo.
    -Ah –y la puerta se abrió con un chasquido.

    Entré en el portal aterrada. ¿Debía dejar abierta esa puerta? De repente, tuve dudas. Las reacciones de mi arcángel siempre fueron violentas. ¿Cómo podía llegar a reaccionar cuando supiera que iba a ser abandonado por mí, la única puta criatura que apreciaba en el mundo, según él? ¿Podría llegar a hacerme daño? ¿Podría llegar a…? No, no perdería entonces mi confianza en él. Si realmente me hiciera daño, si pudiera llegar a reaccionar como su hermano, bien me valía que me matara antes que caer en la cobardía de dejar abierta una puerta.

    La cerré de un portazo.

    Aún así subí el tramo de escaleras, es cierto, temblando. ¡Qué pocas escaleras! Nunca me había fijado. Sólo, sólo eran 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8… y de pronto, la puerta de su casa, qué pronto, cómo es posible. Golpeé la puerta con lo que quise que fueran unos golpes leves pero que sonaron como martillazos. Es difícil controlar tus reacciones cuando tu cerebro y tu alma están abotargados, ausentes.

    “Jamás abras la puerta hasta que no veas qué tienes delante”. Nunca le hice caso. Cuando me vio, abrió la puerta y Gabriel se personó ante mí, con una de sus camisetas negras y sus eternos vaqueros grises. Tenía los ojos grises muy abiertos cuando me miraba, aquella adolescente desesperada que apenas le llegaba al ombligo.

    Era una frase corta, era una frase explícita, era la frase más difícil de pronunciar del mundo. Lo dejo todo. Y eso le incluía, más que nada, a él.

    Él me hizo pasar con un gesto, y yo sólo di dos pasos para que la puerta se cerrase tras de mí. Me miraba fijamente. Si no hubiera existido aquella otra noche, aquel bulto humano, aquellos restos de sangre en el salón. Si no hubiera existido al menos la sangre en mi cara cuando llegué allá, quizás… quizás… Pero el mundo nunca es como lo deseamos. Me miraba fijamente. Qué fríos ojos grises, qué miedo. Pero Gabriel nunca me había hecho daño. Y yo debía seguir confiando en él.

    Apartó la mirada y soltó un suspiro que era más como un quejido. Así que es verdad. Lo esperaba, pero no lo podía llegar a imaginar; para nadie es lo mismo saberlo que tragarlo. Y Gabriel, contra todo pronóstico y cábala de mi imaginación, contra cualquier posibilidad, se echó a llorar con el llanto de los que no lo han hecho en muchos años. Y yo comprendí que estaba salvada de aquella casa, pero condenada para el resto de mi vida.

    Nunca supe cómo y cuándo empecé yo a llorar, pero tenía las mejillas húmedas desde hacía mucho. Las lágrimas que me resistí a soltar antes con Mara se unieron a otras mucho más terribles; porque la historia de Mara era horrible, pero a ella no la amaba. O al menos, no como a Gabriel.

    Porque nunca podría amar a nadie como lo amé a él.

    Abrí despacio la mochila y saqué la carpeta. Cada golpe, cada polvo, cada violación del infierno del Noir. Y también aquella foto que un día me hizo, llorando y mirando desafiante a la cámara y de la que él tenía una ampliación en su cuarto. Feliz, feliz cumpleaños, Arcángel.

    Le miré a los ojos cuando le tendí la carpeta, por primera vez nuestra mirada se unía después de aquella frase terrible. Mis ojos verde oscuro, aclarados mil veces por las lágrimas; y sus ojos grises, diluidos en agua. Le dije entonces muchas cosas con el escaso hilillo de voz que me dejó mi martirizada alma, o lo que fuera que tenía dentro y que dolía tanto. Muchas cosas que no repetiré aquí, salvo aquella promesa sobre el destino de Mara. Ocúpate de ella, fue la sentencia. Y Gabriel, con sus ojos de plata, asintió. Lo prometo, gata.

    Me volví un poco para abrir de nuevo la puerta, pero me detuvo. Espera. Sentí que iba a abrazarme, a besarme, pero en el último instante se contuvo. Sólo tocó mi trenza, aquella trenza que entonces era tan corta y ahora es tan larga, la promesa que le hice de dejarme largo el pelo. Me tocó la trenza, y nada más.

    Abrí la puerta y salí. El manso llanto iba a convertirse pronto en un huracán. La última mirada, y la puerta se cerró tras de mí. Era libre, y la libertad dolía. Quemaba. Un grito ahogado desató el ciclón de mi pecho, y justo en ese momento empezó a sonar Corazón de Mimbre, que bajó las escaleras conmigo desde la guitarra de Gabriel, que por una vez no la cantaba. Sólo la tocaba.

    Lloré mientras bajaba las escaleras, atragantándome con los sollozos. Lloré mientras volvía a mi casa, a ratos corriendo y a ratos casi arrastrándome; los kilómetros que separaban mi casa de la suya regados por el llanto. Lloré toda la noche en mi cama, como lloraría todas las noches durante mucho, mucho tiempo. Y lloro aún ahora escribiéndolo, porque es bien cierto que tres años no son muchos. No son nada.

    Oficialmente, aquí acabaría todo. Pero como no es un cuento, sino la vida, que sigue y nos va asombrando con sus matices, no es el final. Porque esta historia está para siempre anudada a mi vida, entretejida con todo lo que me pasó antes y después y que me hace resultar tal y como soy ahora. Por eso volvería muchas veces más a aquel barrio, a acechar su ventana, sin volver a verle una sola vez más. Por eso el año pasado volví a saber de Gabriel cuando le dispararon, y supe que se salvó. Por eso desde entonces tengo aquel número que me dio el camarero del Noir grabado a fuego en mi memoria, y quién sabe si algún día será marcado. Pero, si algún día lo fuera, todo podría volver a empezar de nuevo; y aunque la tentación es enorme resisto las ganas acoplándome con más o menos energía y ganas a la vida que llevo ahora. Dejando cada vez un poco más atrás el pasado.

    Pero sin olvidar nunca nada.

    26 octubre 2005

    De polvos y borracheras

    Quería poner fotitos!! Pero el canalla de Deyector me pasó el memefollo de Nepomuk y he decidido poner ambas cositas, porque NO PIENSO renunciar a poner las fotos, que tienen su punto.

    Primeramente, quiero dar gracias al cielo por llevarme bien con los amiguitos de Alex (me quieren más a mí que a él :D), aunque es peligroso exponerse a su presencia...


    Por orden, Wiki, Javi y yo medio estrangulada

    ... y sobre todo si el alcohol corre por doquier.

    No creo que me volvais a ver JAMÁS riéndome en una foto

    glugluglu

    Pero también hubo momentos románticosque nos harán recordar esta noche para siempre.

    oooohhhh no soy una borrachita monísima??

    Mmm... cerveza

    XDDDDDDDD



    XDDD ¡¡Lo siento, es ver el morrito de Javi y despollarme!!

    Ahora, ya toca el
    Memefollo de Nepomuk.

    1. ¿Cuál fue el mejor polvo de tu vida?
    ¡No sabría decir cual! Pero sí sé que tuvo que ser en uno de esos días/temporadas que estoy sumamente caliente, y desde luego lo disfruto muchíiiiiiiiisimo más.
    Por ejemplo, el domingo estuvo muy bien ^o^

    2. ¿Cuál es el sitio más original dónde has follado?
    Esto... mm. Ascensor, portales, baños de bares etc son comunes... Aunque la verdad era genial, cuando estuve con Marta, pasar las dos juntitas al baño de chicas con cara de buenas para luego espantar al local (preferiblemente cafeteria) con gritos, gemiditos y demás. Por diox que me lo pasaba en grande...
    Me decantaré por aquel en una calle totalmente desierta de Villaverde, con un novio. En la acera, fue.
    Dolió.

    3: ¿Qué es lo que más te gusta en el momento del folle?
    Pues me gusta reirme. Y hablar. Y pedir cosas. Y morder todo el rato, tengo una manía terrible de morder los labios a la gente; y muerdo mucho más fuerte cuando me corro. Y arañar y volverme loca.
    ¡Polvos suavitos nono, a no ser que esté malita!

    ¿Qué es lo que más odias en el momento del folle?
    Eride estuvo acertada cuando dijo aquello de las babas. Pero yo tengo algo peor... Que te suden. Es ABSOLUTAMENTE asqueroso. Vale la nata. Vale la bebida. Vale el semen. ¡¡Pero ver como una gota de sudor queda suspendida un segundo para luego hacer plop sobre tu piel suavita es superior a mi!! Qué asquito.

    5: ¿Qué fantasía sexual te queda por cumplir?
    Veamos...
    Posturas creo que ya.
    Aparatito vibrador sile.
    Trío ya.
    Pues me gustaría que me follaran atadita... y esas cosas ^.^

    ¡Venga, no me chingueis que soy la única con fantasías de sado light!


    6: ¿Con qué personaje masculino y femenino de la blogosfera te darías un revolcón sin dudar?
    Se repite, para que quede claro, que no valen novios ni rolletes.
    Pues de chico, a Nepo. Oh, no sé que tiene ese chaval, mira que a mí me gustan altos y mayores... Y de chicas... mm. ¡Pues entre Ame y Ego está la cosa! (XD Al final Aracne tiene razón: es la clase de tía que da morbo a lesbianas y bis)

    ¡¡Paso testigo a Jío, a Lobo y a Princess!! Podeis contestar en los comments si no quereis en el blog.

    24 octubre 2005

    Liberty III Millennium

    Cuando no hay esperanza...

    17 millones de toneladas de sueños oxidados a la orilla del Atlántico.
    17 de agosto del año 2017.
    Nunca he tocado otros labios, pero los míos han recorrido estos trozos oxidados de hierro, centímetro a centímetro, absorbiendo los 17 millones de toneladas de sueños que los idiotas de finales del XX dejaron colgando a los pies de este monumento que ya no tiene ningún nombre.


    ...únicamente se pueden lamer los restos de los sueños.

    22 octubre 2005

    La chica hosca



    “-Amigo –dijo Monte-Cristo, con una melancolía igual a la suya–, escuchadme. Un día, y en un momento de desesperación semejante al tuyo, puesto que me conducía a una idéntica situación, yo quise matarme. Un día tu padre, desesperado, lo quiso también. Si a los dos nos hubieran dicho en aquel momento supremo: ¡vivid!, vendrá un día en que seáis dichosos y bendigáis la vida, fuera quien fuera quien nos lo hubiera dicho, su dicho lo hubiéramos recibido con la sonrisa de la duda o la angustia de la incredulidad, y, sin embargo, ¡cuántas veces tu padre, abrazándote, bendijo la vida! ¡Cuántas veces he hecho yo lo mismo!
    (…)
    Sólo el que ha experimentado el colmo del infortunio puede sentir la felicidad suprema. Es preciso haber querido morir, amigo mío, para saber cuán buena y hermosa puede ser la vida.”
    El conde de Montecristo – A. Dumas



    Y quién me lo iba a decir a mí, tanto tiempo, ¿o no tanto?, después de contar por vez primera aquellas píldoras (18, 19, 20, 21, 22, ¿cuál será el número que acabe conmigo?) y tragármelas una a una, sin prisa, que alguna vez podría decir lo mismo. Y estoy segura de que tiene razón, porque en verdad no creo en dioses ni en designios, no creo que Mi Destino haya sido sobrevivir y contaros esto ahora mismo; pero sí me alegra poder hacerlo. No creo, tampoco, que mi desgracia haya sido mayor que la de otros: prácticamente me la labré yo sola, unos pocos empujones bastaron para que cayera en el infierno que fueron mis quince años. Sexo, sexo, sexo, sexo, violencia. Pero, y espero que nunca lo sentiré, no me arrepiento de haberlo dejado.


    “Si todo era sexo y violencia, ¿Cómo es posible que siquiera te hayas planteado no dejarlo, es más, cómo puedes pensar eso de ‘espero que nunca lo sentiré’?”, se diría cualquiera, y con toda la razón. Pues por Gabriel. Por Gabriel y sólo por Gabriel. Porque mi gran amor, por cursi que quede esta expresión, no podía ser abandonado sin un último pataleo de mi alma. Él nunca me hizo nada malo, antes al contrario: ha sido y creo que será la única persona que realmente no sólo moriría por mí, sino que mataría por mí. Y por muy duro que suene, él no era persona que bromeara con esas cosas.

    Temo que jamás podré dejar de echarle de menos.

    Pero después vino la luz, como el trozo de libro que puse en aquel otro post y que tanto ha significado para mí: "Pero si resistes, después del infierno viene siempre la primavera, resplandeciendo como si nunca se hubiera agostado..."; vino la primavera y desde entonces puedo decir que me han bastado razones para pensar que merece la pena estar vivo.

    Por eso, la segunda vez que conté pastillas en la palma de mi mano, algo más de un año después de la primera, me quedé pensando. Y pensando. Llorando, y recordando todo lo que había dejado atrás en el Noir, durante esos minutos eternos (18, 19, 20, 21, 22, ¿cuántos minutos bastarán para decidir si seguiré con vida?), temblando. Finalmente, la parte que más me quiere de mí misma me dijo: “Criatura, no te des por vencida”, y la hice caso.


    Y las pastillas se perdieron en un remolino de agua en el baño.

    Is that why they call me a sullen girl …

    a sullen girl.
    They don't know I used to sail

    the deep and tranquil sea;
    but he washed me shore

    and he took my pearl …

    And left an empty shell of me.

    18 octubre 2005

    Cosas raras

    Days like this I don't know what to do with myself...

    Estaba yo tranquilamente haciendo un dibujito en mi agenda entre clase y clase cuando un chico se dirigió a mí; el mismo chico que había llegado 15 minutos más tarde que YO (ergo, a las 9 y media) y al que la profesora le dijo "No pases al fondo que luego saldrás para un ejercicio" y que siguió camino con aires de disimulo ante el regodeo general hasta la penúltima fila, justo delante mía.

    Bueno, la gente se relaciona. Unas personas hablan con otras, y todo el mundo me había dicho que en la universidad, más. Es normal que alguien venga cuando esté distraída pintando por si me encuentro sola/triste (algún día el mundo comprenderá que me gusta que me dejen EN PAZ cuando estoy pintando agustito). De hecho, existe una conversación estandar que suele comenzar con "¿Qué estás haciendo? ¡Mola, me encaaanta como pintas! Yo soy Pepe y mi signo Acuario, ¿y tú?". Típico. Pero el chico NO hizo eso. Sería demasiado esperar. Vino, bien recto, y tras coger aire de forma evidente, dijo: "Yo te conozco, tú a mí no y probablemente en este momento creerás que estoy loco."


    Bien. Ya hacía mucho que no me pasaba nada RARO. No reproduciré la conversación siguiente, más que nada por que el pobre tuvo que repetirmelo todo 3 veces y algunos detalles 5 o 6 más, así que resumiré: él era amigo de una chica que era amiga de un novio que tuve hace 3 años, Carlos elquemedejóporserbisexual; y a este chico yo le había visto UNA VEZ hacía ese tiempo: 3 tacos. Joder con la memoria del nene. ¡Y para que luego digan que Madrid no es pequeño! Al menos el chico era bien majo (me recordaba un huevo a otro ex, Garriz el mejoramigodeana), y estuve entretenida las siguientes clases. Ale.

    Segunda cosa rara. Alberto (sí, Alberto el Pelos; sí, el heavy pirado), al que me he encontrado hoy en el metro (para variar) se marcha a Cáceres la semana que viene porque (atención) se mete al ejército. La chica que le acompañaba confirmó que era cierto, con una triste sonrisa y un ligero cabeceo. Y en realidad NO SÉ por qué me ha extrañado tanto, él mismo me lo dijo, pudiendo esperar cualquier cosa de él. Y me refiero a CUALQUIER COSA, porque Alberto no es el chico más raro que he conocido, ni tampoco la persona más rara que he conocido. Alberto es sin duda LA CRIATURA MÁS RARA QUE HE CONOCIDO, y he de decir que ha habido dignos competidores en este campo que Alberto ha barrido de un plumazo. Es decir, me dicen que es un psicópata asesino, y me lo creo. Me dicen que ha ganado el Nobel de algo, y JURO que también me lo creo. La noticia de "me meto al ejército por que me da por ahí, toma" no resulta ya tan rara, puestos en situación. Sobre todo después de que diga "me he cortado el pelo, si me lo suelto me dicen que me parezco a Willy Wonka" mientras se lo suelta y comprobar que, efectivamente, es cierto. El mismo Alberto que revolvió TODAS las tiendas de moda de chicas de Madrid buscando una falda escocesa "para llevar sin nada debajo" y renunciando a su propósito tras comprobar en los respectivos probadores y ante el revuelo general que todas eran demasiado cortas.

    Algún día pondré un post sobre Alberto. Creo que se lo merece.

    Ahora, me tomaré una aspirina.

    13 octubre 2005

    Cooperación

    ¿zuto o muete?

    El año pasado tuve una importante conversación con Ana que no he olvidado (que no olvidaré nunca), y que reproduciré aquí como introducción:

    -Ana...

    -Dime.

    -Tú... ¿tú no echas en falta algo?

    -¿Aparte de un hombre lamiendo BIEN mis partes?

    -Aparte, guarra.

    -No sé, tía. ¿Y tú?

    -Pues... bueno, que me hubiera gustado disfrazarme.

    -¡Tía! ¿Estás tonta?

    -...

    -¿Y como no me lo dijiste?

    -No sé... como se supone que es cutre y tal.

    -Pero tía. A ver, dime, ¿quién es la más cutre de tus amigas?

    -Tú.

    -Pues entonces. ¡El año que viene, de todas todas!

    -¡De todas todas!

    (31 de octubre de 2004)


    Así pues, os suplico AYUDA para este halloween, gentecilla mía. En este post o en el que gusteis, serán bien recibidas ideas de disfraces de cualquier tipo, ideas para complementos inclusive. Las posibilidades son como mil, porque acepto ideas de disfraces q no sean mega terrorificosdelamuerte. Más que nada porque mis recursos este mes son escasos y temo que el disfraz habrá de ser creado por moi como buenamente pueda... Gracias de antemano ^o^

    PD: Alguien sabe como conseguir en Madrid unos colmillos de-cen-tes de vampiro sin recurrir al laser, please?

    11 octubre 2005

    Regreso triunfal de mi mamá

    ¡la isla del patito, hija! ¡preciosa!

    -¿Y bien? ¿Qué habeis estado haciendo todos estos días?

    -Oh, ¡de todo hija! ¡Tenías que ver que playas, que hotel, que ingleses más blancos y que alemanes más gordos tienen allá!

    -¿Y no montasteis este año en camello?

    -No... porque ESTE no quiso -dijo mirando reprobatoriamente mi padre.- ¿Está bien Chiyo? ¿Donde está mi amor? ¿Le limpiaste la jaula? ¿Está bien? ¿RESPIRA?

    -El chinchillo está perfecto. La Niña Tarada casi lo deshace, pero parece que aún se tiene en pie... Pero, ahora en serio. ¿QUÉ habeis hecho RARO en todos estos días?

    -Mmmm... Bueno...

    -Oh, ¿¿no se lo vas a contar?? -dijo mi papá.

    -¿QUÉ hay que contarme?

    Mi madre callaba, y miraba a la pared. Y se balanceaba sobre la punta de los pies. Malo.

    -Mami...

    -¡Tu padre exagera, hija! Pues que hace 2 días me estaba bañando en la playa y, bueno.... arrollé a un señor.

    -¡¡¿QUE ARROLLASTE A UN SEÑOR?!!

    -Sí, hija... ¡Y no veas como se enfadó, ¿eh?! ¡Y mira que la playa estaba vacía! ¡Tenía que ir a ponerse justo en medio!

    -Mamá... cuenta.

    -Pues hija, que estaba yo tranquilamente buceando, ¿sabes? Y te diré también que estos días estaba jugando un montón en el agua, ya que no estábais vosotros para reiros... -hizo un inciso para una mirada de reojo a mi hermano- y bueno, a veces jugaba a que era Superman y estiraba así los brazos, ¿ves? -mi mamá estira los brazos para mostrarnos como volar-, y tenía que mover muy rápido los pies para ir rapido, volando... Con la cabeza bajo el agua para ver las ciudades de peces y camarones de debajo. Otras veces yo era una sirena y no podía mover las piernas, así que me tenía que valer sólo de los brazos... ¡Y daba unas brazadas, hija!

    -¿Y a qué jugabas el día de autos, mami? ¿Eras una sirena o... o Superman? -ahora os dais cuenta de lo jodido de sostener una conversación NORMAL en mi casa, ¿ehhh?

    -¡A nada, hija! Ese día sólo trataba de nadar así como los nadadores -con los brazos mi mamá muestra que "así como los nadadores" es a crowl-, ¡y no veas a que velocidad iba! Erauna playa toda desierta, pero con olitas chicas... Y bueno, ese señor se ocultó tras las olitas de modo que cuando me quise dar cuenta había pasado sobre él; creo que le dí varios aletazos -mi mamá se mete con aletas- y unas cuantas bofeatadas... ¡Pero la verdad es que se pasó gritándome! No me digné contestar y proseguí mi camino.

    -Oh Diox mío. ¿Y no hicisteis nada más? -estaba segura de que algo más había. Era mi mamá. No la conoceis como yo.

    -Bueno... No sé si esto contará. Pero... sí que hicimos algo más, hija.

    -¿Cómo que hicimos? -mi papá asomó la cabeza mosqueado-. ¡Yo no tuve nada que ver!

    -¡Mentira! ¡Mentiroso! -mi mamá se defendía con saña-. De hacer algo, ¡lo hicimos los dos! Pues bien hija... Nosotros alquilamos un cochecito para esos días, ¿sabes? Monísimo, pero que iba como a pilas y que no podía ni subir una cuesta... Y bien, tu padre -mirada asesina al susodicho- se dejó las luces encendidas y se le acabó la batería, con lo que llamamos al sitio a ver si nos mandaban otro coche o hacían algo, porque ese era una patata, y nos dijeron que vendrían enseguida al hotel.

    -Ajá.

    -Pues a la media hora o así aparecen y nos dicen que el coche está justo delante del hotel, y allá fuimos. Había ante el hotel un renault blanco, y claro, TENÍA QUE SER el nuevo coche de alquiler, ¿no? Pues en estas abrimos cada uno una puerta trasera y nos metimos dentro.

    -¿QUÉ?

    -¡Que nos metimos dentro! De verdad, de verdad que lo dimos por supuesto que era nuestro coche... Pero dentro había un señor. Yo me senté a su lado y tu padre -cómo lo remarcaba, ¿eh?- casi se le sienta encima. Así que viéndonos apurados le miramos desorbitados, le dijimos casi a dúo "esto es una equivocación", y nos salimos rápidamente! ¡Resulta que justo detrás estaba el minicochecito de antes, que le habían recargado la batería y no lo habíamos visto! El hombre del renault blanco nos miró muy raro por la ventanilla hasta que nos fuimos... ¡Pero hija! ¿Con la de locos que hay sueltos no echar el seguro al coche? ¡Se merece todo lo raro que le pase!

    08 octubre 2005

    La Niña Tarada

    AAAAGGGGHH!!!
    Estuvo acá la Niña Tarada. Y aún estoy temblando.

    Mis padres se largaron el martes a Tenerife (sí sí, así de golpe y por todo el morro), y en principio vendría nuestra amadísima abuela a cuidar que no hicieramos volar la casa.... pero vinieron unos primos de tantos y tantos de mi papá a pasar unos días a Madrid y mi abuela hubo de quedarse con ellos.
    En resumen, sin moros en la costa.

    A partir de entonces, empezó lo comunmente llamado como Jauja: Desayunar a la 1; cenar a las 7 o a las 3 de la mañana o, simplemente, no cenar; tener TODO por ahí tirado, pasearnos descalzos, hinchaaarnos de comida basura, traer compañía para pasar calentita la noche (yo me traje a Alex, Nacho la pasó todita jugando al warhammer, magic y demás frikadas con un amiguito suyo, el Pelos), etc etc etc.

    Aún así, debíamos ir a comer a casa de la abuelita para que comprobara que estábamos vivos. Y allí (temblor en la voz), allí estaba la Niña Tarada.

    La Niña Tarada es hija de los primos de mi papá, tiene 6 años y está loca.
    Y (y este es el gran "y") está obsesionada conmigo.
    ¿No sabeis de que va la cosa? Pues acá va un ejemplo (de tantos):

    Viendo Alicia en el País de las Maravillas por enésima vez (sí, la horrosora versión de Disney) mientras los demás comiamos.

    Niña Tarada: ¡Laura!

    Ardid: Queeee...

    Nina Tarada: ¿a que ahora encuentra la puerta? ¿a que sí?

    Ardid: síííííí....

    Niña Tarada: ¿y a que la puerta es buena? ¿eh? ¿a que sí, a que sí?

    Ardid: sí, la puerta es buena.

    Nina Tarada: ¿y a que el conejo es bueno, eh? ¿a que sí?

    Abuela: Laura, ¿quieres más pescado?

    Ardid: No... Sí, es bueno.

    Niña Tarada: ¿por qué?

    Ardid: Por que sí.

    Abuela (echándome más pescado): Nena, deja a Laura en paz.

    Ardid: ¡Dije que no quería más pescado!

    Abuela: Dijiste que sí querías. Come, meu filla, come.

    Ardid (agggh): Agggh.

    Niña Tarada: ¿por qué hacen cosas tan raras esos? (señalando al conejo blanco).

    Ardid: Porque están locos.

    Niña Tarada: Son tontos, ¿a que sí, a que sí? Lo rompen todo... ¡IDIOTAS!(risas)

    Ardid: No son tontos, están locos. Los locos hacen cosas que no hace nadie.

    Niña Tarada: ¡yo no me como los platos!

    Ardid: ...y eso quiere decir que no estás loca.

    Niña Tarada: ¡a que ahora se pierde! ¡Mira, mira! (tira de mi manga) ¡Mira como se pierde!

    Ardid: Sí, ya lo veo.

    Niña Tarada: ¿por qué llora?

    Ardid: Porque se ha perdido.

    Niña Tarada: ¿y por qué?

    Ardid (deseando estrangular su dulce cuellecito): No lo sé. Perdió el camino.

    Niña Tarada: ¿por qué?

    Ardid: No lo se...

    Niña Tarada: ¡a que el perro escoba es malo! ¡¡a que sí, a que sí!!

    etc etc etc etc etc etc.

    Joder, ¡¡¡yo estaba calladita cuando veía pelis de cani!!! Estos días (¡casi una semana!) han servido para recordar por qué me gustan tan poco los niños. Grrr..

    Y más tarde la Niña Tarada vino a mi casa, pues quería ver a Chiyo. Por supuesto, volvió loco al pobre animal, que una vez más hizo gala de una santísima paciencia. No (NO) reproduciré las conversaciones de entonces porque en realidad ERAN COMO LA OTRA, así que imaginaos... y compadecedme.

    Estuvo acá la Niña Tarada. Y todavía estoy temblando.

    06 octubre 2005

    El toque de Kel

    Es i-ne-vi-ta-ble quererla

    -¡Uy! -dijo Kel. Y me tocó con su mágico toque.
    El adorable, adorable toque de Kel.
    El toque de la niña-chica-princesa-complementos, la de la alegre sonrisa y el porro en la mano.
    La deslumbrante criatura con la que un día, sin comerlo ni beberlo, me vi obligada a compartir el pupitre durante 8 horas diarias hace años.
    La última princesita enamorada de los dragones.
    La de la ceja izquierda siempre más levemente levantada.
    La de las pupilas brujas y enormes.
    La de los mil piercings y los cien mil anillos.
    La del cuarto que de tan pequeño es grande (cuarto mágico que, como ella, se repliega sobre sí mismo).
    La que baila como una serpiente con sus tules y su música árabe.
    La que me desafía con sus chupitos.
    La que no recuerda que brindamos con absenta.
    La que lía y vuelve locos con su charla a los camareros.
    La que se abraza a la cintura de Rober.
    Kel a la que siempre, siempre perdono; porque sé que quizas es la mejor persona que he conocido, la única buena persona que he conocido.

    Kel me tocó con su mágico toque.

    Y me puso perdida, en plena noche helada de botellón, con el mini de 43 y lima que un segundo antes estaba en equilibrio en el banco, dejándome tan sólo con un top que apenas me cubría las tetas y unos vaqueros empapados en aquella fría plaza de Chueca.

    ¿Y sabéis qué?

    Riéndome, la volví a perdonar.

    05 octubre 2005

    ¡Ssss...!

    ¡Ssss...!

    El otro día alguien me pidió que dijera algún truco para dormir bien, y la verdad es que me extrañó un poco. ¿Tengo insomnio, recordais? NO tengo trucos para dormir. Pero, al mismo tiempo, una estúpida vocecita en el fondo de mi cabeza gritaba, "no es verdad y TÚ lo sabes". Y entonces lo recordé.
    Hace años que este cuento -De Angela C. Ionescu, por cierto- ha dejado de valerme para dormir, pero cuando era pequeña (y en mi primera adolescencia) sólo con recordarlo me iba relajando, relajando... Y me dormía.
    Ignoro si os servirá a vosotros (pues cada uno es diferente e igual os estáis despollando ahorita de mí: me da igual), pero al menos os aseguro que es un cuento MUY bonito, y sólo por eso merece la pena leerlo. Bueno, por eso y porque estuve mil años pasándolo al ordenador, qué diablos. Casi os aconsejaría imprimirlo, pero haced lo que gusteis...
    Disfrutad.


    ¡Ssss...!

    El niño se metió en la cama, se tapó con las mantas hasta la nariz, sacó una mano, alargó un poco el brazo –sólo un poco porque hacía mucho frío-, y apagó la luz. Metió la otra mano debajo de la almohada, se dio media vuelta sonriendo -¡qué bien se está en la cama!-, y cerró los ojos. Al poco rato se acordó:
    “El despertador. No he dado cuerda al despertador.”
    Estiró un poco los pies y luego los encogió, haciéndose un ovillo. Cruzó el brazo de encima por debajo de la barbilla y metió también esa mano bajo la almohada, junto a la otra.
    “El despertador –pensaba-. No le he dado cuerda. Tengo que darle.”
    Pero cerró más fuerte los ojos y hundió más la cabeza en la almohada. ¡Qué bien! ¡Qué caliente!
    “El despertador –decía su pensamiento-. Mañana hay que levantarse temprano. Hay que darle cuerda. Pero para eso hay que volverse, sacar una mano, alargar el brazo, encender la luz, coger el reloj, sacar la otra mano, sujetarlo y dar vueltas a su llavecita. ¡Uf! ¡Qué rabia! ¡Qué frío!”
    Y sin esperar más, el niño hizo todo eso que había pensado. Después volvió a ponerse como ante, bien tapado, casi hasta los ojos.
    “Ahora sí que se está bien. Mucho mejor que antes.”
    Con los ojos cerrados, escuchaba los pequeños ruidos de la casa. Crujía un armario, el despertador hacía tic-tac, tic-tac; de vez en cuando se movía la ventana, chisporroteaban las maderas en la chimenea y las llamas, pequeñitas, saltaban. Poco a poco se fueron haciendo cada vez más débiles los ruidos, hasta que el niño ya no oyó nada.
    El Silencio, que estaba durmiendo al lado de la chimenea, echado en el suelo, se levantó, desperezándose. Comenzó a andar por la habitación, mirándolo todo.
    -Cállate –le dijo al armario-, No crujas tanto.
    Y el armario se quedó quieto y no se le volvió a oír.
    El Silencio siguió dando vueltas.
    -Más despacio, vosotras –les dijo a las Llamas, que hacían chisporrotear las maderas-. El niño tiene que dormir.
    Y las Llamas se hicieron todavía más pequeñas y se acurrucaron debajo de los leños.
    -Estate quieta –le susurró a la ventana-. No te muevas más.
    -Yo no tengo la culpa –contestó ella-. Es el Viento, que me hace cosquillas.
    -Pues no le hagas caso. Ponte firme y no te rías, y te dejará.
    El Silencio anduvo un poco más.
    -¡Ssss…! –les hacía a todos, llevándose un dedo a los labios y señalando al niño.
    Sus pasos eran suaves y sus movimientos se parecían a los movimientos de las nubes. En cuanto a su voz, por mucho que os hubierais esforzado, os habría sido imposible oírla. Se sentó, por fin, en una silla, y en el momento de arrastrarla y de acomodarse en ella tampoco se oyó nada.
    El Ruido se echó al lado de la chimenea para descansar. El Silencio y el Ruido eran primos. No es que estuviesen enfadados, pero pocas veces se hablaban.
    - Me haces daño cuando hablas. ¡Qué estrépito organizas! –se quejaba el Silencio.
    - Y yo a ti no te entiendo nada. Parece como si no tuvieras voz –solía contestarle el Ruido.
    El niño se revolvió en la cama y acabó por ponerse de cara a la pared. El Silencio miró al reloj y luego a la puerta, como si esperase a alguien. Después se levantó, se acercó al armario, se agachó y dijo:
    -Vamos, dormilonas. Salid de ahí-
    Nadie le contestó, y el silencio metió una mano debajo del armario y empezó a tirar de algo.
    -¡Salid! Tenéis que trabajar.
    La Calma y la Paz asomaron las cabezas.
    -¿No podríamos dormir un poco más? –preguntaron con voz soñolienta.
    -No –contestó severamente el Silencio, que era su hermano.
    -Está bien –dijo la Paz. Y salió.
    Anduvo unos pasos por la habitación y luego fue a la cabecera del niño. Éste, con los ojos cerrados, sonrió un poco, aunque no sabía nada.
    El Silencio oyó unos débiles ronquidos debajo del armario. La Calma se había vuelto a dormir, con la cabeza fuera.
    -Ven –dijo el Silencio a la Paz -. Vamos a despertar a ésta.
    Entre los dos la agarraron y la pusieron en pie. La Calma se restregó los ojos y luego empezó su trabajo. Tocaba todas las cosas de la habitación y todo se volvía aún más tranquilo, más dulce bajo su mano suave. Por fin se acercó también al niño y sopló lentamente sobre la cama. El niño se movió un poco y sonrió de nuevo, aunque, desde luego, no sabía nada de lo que ocurría.
    El Silencio miró otra vez el reloj.
    -Ya se está retrasando el Sueño –dijo-. Siempre llega tarde.
    -Si, menos cuando viene el primero, como la otra noche, que el niño se quedó dormido antes de que nosotros empezáramos a trabajar –dijo la Calma.
    En ese momento se abrió la puerta –no se oía nada porque para eso estaba allí el Silencio- y entró el Sueño.
    -Hola –dijo.
    -Buenas noches –le contestaron la Paz, la Calma y el Silencio. Podrías haber venido un poco antes. Te estábamos esperando.
    -Bueno, es que… -comenzó a decir el Sueño.
    -No empieces ahora con tus explicaciones. Nos haces dormir a todos con ellas.
    El Sueño rió entre dientes, se fue al lado del niño y le tocó suavemente los párpados. Y entonces el niño se quedó dormido del todo.
    Poco a poco fueron llegando los Ensueños, deslizándose por debajo de la puerta. Eran de todos los colores y de todas las formas: rojos, amarillos, azules, verdes, anaranjados, violáceos; redondos, cuadrados, como una bola, como un huevo; el más pequeño era casi transparente y no tenía una forma clara. Todos se iban al lado del niño, callados y ligeros. Pasó así una hora sin que nada cambiase ni se moviese. El niño dormía tranquilamente.
    De pronto la ventana comenzó a sacudirse, aunque no se oía nada.
    -¿Qué pasa? –preguntó el Silencio.
    -Es el Viento otra vez.
    El Viento había empezado a aullar fuera y a darse golpes contra los cristales.
    -¡Calla! –le dijo el Silencio desde dentro, levantando un poco la cortina-. El niño está durmiendo.
    -¡Quiero entrar! –rugía el Viento-. ¡Dejadme entraaarr!
    -No puede ser –le contestó el Silencio-. Despertarías al niño.
    -¿Y por qué estás ahí túuuuu….?
    -Para velar su sueño…
    -¡Dejadme entrar allíiii!
    -Escucha – le contestó el Silencio-. El niño debe dormir. Tiene mucho sueño. ¿Quieres verlo?
    -Síii…. –aulló el Viento.
    El Silencio levantó un poco más la cortina y el Viento se pegó a la ventana. Desde fuera podía ver al niño en la cama, durmiendo placidamente. El Viento lo miró y sonrió.
    -¿Qué? –preguntó el Silencio-. ¿Aún quieres despertarle?
    -No –gruñó el Viento. Me quedaré aquí para alejar a los que metan ruido.
    ¡-Sss…! –dijo la Calma-. No digas esa palabra porque podría oirte nuestro primo y despertarse.
    -¿Vuestro primo? ¿Quién es vuestro primo?
    -El Ruido –susurró la Paz.
    El Viento se quedó acurrucado al pie de la ventana. Se entretenía en soplar despacito y hacer saltar y dar volteretas, como si bailasen, a las hojas caídas de los árboles.
    -¡Uf! –suspiró el Silencio-. Ya hemos terminado con él. Ahora no aullará.
    Pero en cuanto dijo eso, sintió una ráfaga de frío helada en la espalda y se estremeció.
    -¿Qué ocurre? –preguntó, volviéndose.
    Allí estaba el Frío, con su enorme bufanda arrollada al cuello y frotándose las manos. El Silencio dio un salto hasta la chimenea, cogió el atizador y empezó a remover los leños.
    -¡Eh! –dijo a las Llamas-. ¡Vamos, rápido, calentad todo lo que podáis, pero sin chisporrotear mucho!
    Las Llamas salieron de debajo de las maderas, donde se habían metido antes, y comenzaron a arder. El Silencio se colocó delante de la chimenea para que ni un solo ruido se escapase de allí.
    -Bueno –le dijo, enfadado, al Frío-. ¿Cómo has entrado aquí?
    -Por debajo de la puerta.
    -Pues debajo de la puerta te vas a ir ahora mismo.
    -No pienso hacerlo .contestó el Frío. Y fue a sentarse en una silla.
    -No comprendo cómo te gusta estar metido aquí –le dijo la Paz.
    -Me aburro mucho fuera. No tengo nada que hacer.
    -Oye –le dijo la Calma- ¿Por qué no te vas a la montaña? Allí podrías divertirte bastante.
    -Estoy cansado de estar siempre en la montaña. Ahora voy a dormir un poco.
    -Sí, eso es, duérmete un poco –le contestó el Silencio, y les hizo un guiño a sus hermanas.
    Cuando el Frío estuvo dormido, el Silencio les dijo a las Llamas que siguieran calentando, pero sin hacer ruido, y se acercó a la Calma y a la Paz.
    -Vamos a agarrarlo entre los tres y echarlo fuera.
    Pero no llegaron a hacerlo porque un relámpago brilló y un trueno hizo temblar las ventanas con su gran estrépito.
    -¡El Relámpago! ¡El Trueno! –empezó a gritar fuera el Viento.
    -No grites –le dijo el Silencio acercándose a los cristales.
    El Viento se quedó tranquilo. El Relámpago se asomó de nuevo, y otra vez vino el Trueno. El Silencio, la Paz y la Calma se miraron.
    -Va a despertarse el niño –dijeron.
    El Sueño sopló suavemente sobre la cama.
    -Haré que duerma más profundamente todavía, pero si estos siguen armando ese jaleo no podré impedir que se despierte.
    -Vamos, métete tú –le dijeron los Ensueños al Ensueño Azul, que era el más interesante aquella noche.
    -¿No podríais ir a jugar a otra parte? –preguntó el Silencio, dirigiéndose al Relámpago y al Trueno.
    -No tenemos la culpa –le contestaron-. La Lluvia nos viene persiguiendo. Está corriendo detrás de nosotros desde esta mañana y ahora hemos llegado aquí.
    -¿Por qué no os vais algo más lejos?
    -Estamos muy cansados. Hemos corrido todo el día y ahora queremos descansar un poco.
    El Viento empezó a explicarles que el niño dormía, que era un niño muy bueno y que sonreía muy dulcemente.
    -Bueno –dijo el Relámpago-, me alejaré de aquí un poco.
    -Poco, oco, oco, ¡brroommm…! –hizo el Trueno enseguida. Y se marcharon.
    -¡Por fin! –exclamó el Silencio-. Me he cansado mucho. He hecho un gran esfuerzo para que no se oyera el ruido de esos.
    -Y yo –dijo el Sueño-; he soplado continuamente para que el niño no se despierte.
    -Y nosotras –dijeron la Calma y la Paz.
    Pero no habían terminado de decir eso cuando se oyó el rugido del Viento.
    -¿Qué pasa ahora? –preguntó, furioso, el Silencio, asomándose a la ventana.
    Pero en seguida lo vio. Había llegado la Lluvia y quería repiquetear en todas partes. El Viento soplaba con fuerza para alejarla, pero ella no se iba.
    -¿Qué hacemos ahora? –se preguntaron los de dentro.
    El Frío seguía durmiendo en la silla y las Llamas trabajaban a toda marcha para mantener el calor.
    -¡Qué noche tan agitada! –decían crujiendo y echando chispas.
    El Viento soplaba todo lo que podía, pero, poco a poco, la Lluvia iba venciéndolo y llegando hasta la ventana. Enseguida vino el Granizo y contra él sí que no podía nada el Viento. El Granizo comenzó a caer en el alfeizar y en el tejado de la casa y se estrellaba contra los cristales, riendo.
    -¡Qué divertido! –gritaba. Y empezó a cantar:

    Como caigo y reboto,
    Cómo salto y me rompo.

    El Silencio se colocó delante de la ventana y extendió los brazos para que no entrase dentro ni un solo ruido.
    -¡Vete! Le decía el Viento a la Lluvia-. ¡Vete y llévate al Granizo contigo! No he visto gente más estrepitosa que vosotros. Otras veces vienes sola y no repiqueteas tanto. ¿Qué os pasa hoy?
    Pero la Lluvia no le hacía caso y seguía cayendo y el Granizo cantando su canción:

    Cómo caigo y reboto,
    Cómo salto y me rompo,
    Y en todo el ancho mundo
    Nada hay más divertido
    Que el Granizo vagabundo.

    -Ni más pesado ni más latoso que Granizo, el latoso –le remedó el Viento.
    -¿es que tú no aúllas y soplas y metes ruido? –le preguntó la Lluvia.
    -Yo estaba callado y sólo movía las hojas de los árboles hasta que vinisteis vosotros.
    -Debes de estar enfermo hoy para estar tan quieto –chilló el Granizo.
    -No estoy enfermo –dijo el Viento, enfadado-. Lo que ocurre es que allí, dentro de esa casa, hay un niño durmiendo, un niño muy bueno, que tiene mucho sueño y mañana tiene que levantarse temprano. Y no quiero despertarle. Y lo que pasa es que vosotros sois una gente sin educación.
    -¡Tonterías! –Gritaron la Lluvia y el Granizo y comenzaron con más fuerza su bailoteo.
    El Silencio, que lo había oído todo, estaba muy malhumorado.
    -Acabarán por despertarle –dijo.
    Pero, de pronto, se le ocurrió una idea.
    -Oye –le dijo a la Calma-, despierta al Frío.
    La Calma se acercó a la silla donde dormía el Frío y empezó a sacudirle y darle tirones, tiritando de frío y castañeándole los dientes.
    -¿Qué pasa? –dijo el Frío, despertándose-. ¿No se puede dormir tranquilo?
    -¡Ssss…! –le dijo el Silencio-. Ven, acércate.
    El Frío se levantó y fue hasta la ventana. Los cristales se cubrieron enseguida de hielo.
    -Escucha –Le dijo el Silencio-. ¿Ves quién está fuera?
    -¡Sí, ese par de ruidosos, la Lluvia y el Granizo. ¡Buena pareja hacen! Cuando se juntan no hay quien los aguante.
    -¿No querías divertirte? ¿No estabas muy aburrido?
    -Sí –dijo el Frío-, Muy, muy aburrido.
    -Pues ahí tienes la diversión. Sal fuera y enfría a la Lluvia y conviértela en nieve.
    -¡Oh! –exclamó el Frío-. ¿Eso sí que me gusta! Gracias por haberme avisado.
    Y salió rápidamente por debajo de la puerta. Enseguida hizo calor en la habitación.
    -Ahora veréis –dijo la Calma, riendo.
    A los pocos momentos, el Frío estaba fuera y corría persiguiendo a las gotas de Lluvia. Soplaba sobre ellas, tocaba a todas las que alcanzaba y las gotas se convertían en grandes copos de nieve blanca y reluciente, que caían en la tierra o en el tejado o en el alfeizar de la ventana suavemente, sin ningún ruido. Lo mismo le ocurría al Granizo. El Frío estaba divirtiéndose como nunca. Subía en el aire y soplaba hacia abajo, y todas las gotas se volvían nieve blanda y silenciosa.
    -¡Qué bonito! –decían la Lluvia y el Granizo con una voz suave y dulce que en nada se parecía al estrépito de antes-. ¡Oh, qué bonito! ¡Qué blancos y ligeros y blandos nos hemos vuelto! ¡Sopla más fuerte, Frío!
    El Frío soplaba y corría detrás de ellos, riendo. El Viento se había sentado otra vez al pie de la ventana y miraba encantado lo que pasaba. Al poco tiempo, todo estaba cubierto de una capa blanca y resplandeciente que engordaba continuamente. Las aceras eran blancas y las calles y las casas y los jardines.
    -¡Cómo va a alegrarse el niño cuando lo vea! –pensaban todos.
    Pasó un poco de tiempo y, de pronto, comenzó a sonar el despertador.
    El Silencio se sobresaltó, asustado.
    -¡Cállate! Va a despertarse el niño –le dijeron.
    -Para eso sueno –contestó el reloj sonando.
    -Cállate y déjale dormir un poco más.
    -¡No quierrrrooo! –decía el despertador.
    Entonces el niño abrió los ojos y se sentó en la cama. El Silencio, la Paz, la Calma, todos enmudecieron, menos el despertador, que no se apagó hast que el niño apretó su botón.
    Comenzó a desperezarse el Ruido. Empezaron a crujir el armario, a chisporrotear las maderas de la chimenea, a moverse la ventana. El niño se levantó de la cama y se acercó a ella.
    -¡Oh, genial! –dijo- ¡Está nevando! ¡Qué bonito, cómo nieva y que copos tan grandes! ¡Y qué bien he dormido!
    El Silencio, la Calma y la Paz sonrieron.
    -A dormir -dijeron-. Hemos tenido una noche terrible.

    04 octubre 2005

    chin + anniversary

    ¡¡2 añitos!!¡¡Alguien fue capaz de aguantarme 2 añitos!!!

    Hoy hago 2 años con Alex... Sé positivamente que me matará si no lo pongo aquí, je. Pero hoy sobre todo es un día especial.... ¡porque vamos en busca de la chin que se ha comprado Alex! Un cachorrito blando, gris y adorable que no se merece el horroroso nombre de Coco, -espero que lo lleve bien.

    Oh, espero tener muchos regalos.

    :)

    PD: Aviso, mañana pondré un cuento lindíiiisimo y largo. Informados quedais.

 



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