Oblivion

Más crónicas de días grises

    31 marzo 2007

    Now that it seems so far away



    Yo entonces tendría unos 9 o 10 años. Menos, quizá. Más, no. Nuestros padres nos habían dejado entonces solos en un cuarto, a mi hermano, al otro niño y a mí, para dormir juntos. Como mi hermano y yo queríamos dormir con él, tuvieron que juntarse las dos camas, pegadísimas. Él se acostó en medio y yo, separada de él por la cruel sábana que se remetía hacia dentro (él estaba en la misma cama que mi hermano) no podía tocarle. Pero me pegué mucho, todo lo que pude, a su cuerpo cálido.

    Yo era Tontina entonces, pero no era inocente. O al menos, no como se hubiera debido esperar d una niña tan dulce, porque yo sabía que ese temblor y esos arañazos en el estómago que sentía cuando él estaba cerca se relacionaban con el deseo. Yo era inocente, pero sabía que le deseaba.

    La luz de la luna entraba por la ventana iluminando las cabezas de los dos durmientes: la castaña de mi hermano y la negra del otro, respirando suavemente bajo mi mirada fija. Lo deseaba. Lo quería, quizá. O creía quererle, que en el fondo es lo mismo. Y me quedé mirando mucho, mucho tiempo cómo dormía. Preguntándome si él también habría sentido ese temblor y esos arañazos.

    Era bastante guapo, pero llegaba a ser hermoso con el sueño. Casi creo recordarle cuando cierro los ojos: el espeso pelo negro, los gordezuelos labios infantiles, las cejas rectísimas. El lunar a la derecha de la barbilla. Y casi me veo a mí como era entonces, una niña en pijama con el pelo desbordado en una cascada de ondas y enredones, los ojos gatunos y ojerosos mirando sin pausa al primero que desee, tal vez al primero que quise. Una niña obstinada que quiso poder más que su sueño y así vivir completa esa noche con él, la única que pasaría así a su lado nunca.

    En algún momento debí caer dormida, tras observar durante horas el perfil del niño durmiente, agotada tras el esfuerzo del querer sufrir consciente, de no dormir por sentirlo más mío. Entonces no tenía insomnio.

    Debí dormirme, porque había amanecido y ya las sábanas estaban revueltas, la cruel barrera de la tela desaparecida. Y yo abrí los ojos entre sus brazos, y le ví despertar conteniendo la respiración.

    30 marzo 2007

    Instrucciones para llorar



    Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente.

    Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca.

    Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto.

    Duración media del llanto, tres minutos.


    Julio Cortázar

    29 marzo 2007

    Un post para Holden



    El viernes quedamos Cristina, Alberto, la prima de Alberto –no recuerdo ya el nombre, ajem- y yo para beber cerveza. Al final sólo bebimos del medio metro Alberto y yo, pero bueno: el caso es que a este hombre tienden a pasarle cosas curiosas o absurdas, lo mismo que a mí. Por eso, cuando volvió de ir al baño en el bar nos contó la cosa rara que le acababa de ocurrir.

    Debe mencionarse que Alberto es militar (al final me haré con el stock de todo el cuartel ^^’), y una persona… Curiosa. O le amas o le odias, ya está. Si se ha leído El Guardián Entre el Centeno se le conoce: es exactamente, jodidamente, Holden, en todas sus formas de comportarse. Sólo que él, en lugar de acabar en un psiquiátrico, terminó en un cuartel.

    Si se ha visto Una historia diferente también vale.

    Bueno, cuando volvió y lo contó yo me reí tantísimo que le pedí que por dios me mandara la historia al mail para escribirla. Como, pese a ser un buen narrador, redactó lo acordado estando borracho y yo no tengo ni la mitad de gracia que él, ha quedado un poco sosa. Pero, esto es lo que sucedió.


    Justo después de subirse la bragueta en el baño, un chaval completamente desconocido le asaltó diciendo:

    -¡¡Joder tío!! Cuanto tiempo, ¿no?

    -Pueeeessss… sí –respondió Alberto. ¿Qué podía hacer?

    -Joe ya ves, hacía años... ¿y qué tal estas tío? ¿¿Emocionado por el concierto de mañana??

    -¿EHHHH?

    -Que sí, tío, estoy ahí sentado con vuestro guitarrista. Es que siempre que salgo con alguno de vosotros acabamos pedo...

    Los ojos de Alberto como platos.

    -Oye, que creo que te estas equivo...

    -Joe tío!! y tu mano?? ¿Y que te ha pasao en la mano??

    - ¿Esto? Aah… Nada, de un golpe hace 3 semanas –aclaración: nuestro hombre se había roto la mano dando un puñetazo a una pared.

    - ¿¿Y como vas a coger el micro mañana??

    Alberto se pone bizco al oír mencionar algo de un micro.

    - Mmmm que no, que yo a los conciertos solo voy de aficionado.

    -¡¡Aaaahh…!! Veo que tienes perfecta la mano izquierda; bueno, tu no te pongas nervioso, ¿eh? Hay que darlo todo y con calma. Vosotros sabéis que lo podéis hacer perfectamente.

    El pobre Alberto ya flipa con el asunto.

    -¿Y vuestro batería? Joer, si es que tenéis un batería que es un peligro –Aquí los ojos de Alberto giraban indecisos de un lado a otro, dentro de sus orbitas- el tío se agarra unos pedos...

    Finalmente, Alberto decide seguir el juego.

    -Ya ves tío.

    - Buaaaaa y mañana que grande vuestro concierto, voy a ir con un pedo que no os voy ni a conocer –Vemos claramente el pensamiento de nuestro desvalido protagonista, clamando “Sí chaval, veo que hoy me conoces como si fueras mi madre”.

    -Bueno si...

    - Ajaja pero tu no te pongas nervioso, ¿eh?

    -Bueno, que estoy ahí con tres amigas y me quiero ir a beber con ellas -trata de acabar la conversación Alberto, semiharto.

    -¿Tres amigas? Joe como vivís los músicos -¿?¿?¿?¿?¿?- tooo rodeaos de pibas...

    -Ya, y me quiero ir con ellas.

    -Joe macho, pues ya nos vemos mañana, ¿eh? Mucha suerte.

    -Ehm.. Si tío, allí te espero.

    Huida triunfal del héroe y fundido en negro.

    Ale.

    27 marzo 2007

    "Pequeña..."



    Cuándo paré de correr miré hacia todos los lados, aterrada. No podía creer que hubiera parado, después de tantísimo tiempo habituada a estar sin aliento, con el corazón retorcido y sabor a sangre en la boca. Pero un día me di cuenta de que detrás no quedaba nada de lo que huir. Aquello que me había hecho como soy, lo que me había moldeado y endurecido, ya no estaba. Sentí que algo se había acabado para siempre, y aunque había sido una etapa horrible, era algo a echar de menos. Porque al dejar de correr fui consciente de que estaba perdida.

    Adelante, adelante. Siempre adelante y sin mirar atrás. Corre, corre, corre, huye. Para llevar una vida como el resto de las chicas, para intentar al menos que la mía, mi vida, fuera un reflejo de cómo debía haber sido. Corría para sobrevivir. No había pensado que pasaría conmigo después, no había imaginado que algún día podría reconocerme a mí misma que el terror había quedado atrás. Se acababa de cerrar un círculo, porque mi vida sí que los tiene, y muchos, pero son todos círculos concéntricos que apuntan a lo mismo. A la cicatriz.

    Para cerrar este círculo me largué con Meri a Sevilla. Y cuando estaba más sin esperanza y creía que estaba más perdida, me sujetaron con fuerza desde atrás.

    25 marzo 2007

    En el cuarto vacío





    El frío

    Cuando me fui de todo aquello, una parte de mí se me heló. Y no hablo del corazón -cosa más cursi-, sino de algún otro rincón mucho más oculto, en el fondo de mis entrañas.

    Una vez, hace tiempo, Ana me preguntó de qué tenía yo miedo. Le había dado por hacer esa cuestión a la gente, y sentía curiosidad pues sabía que no le iba a contestar que lo que más temía era quedarme sola, como habían hecho los demás. Intenté decírselo, pero no pude. Ahora ya sí soy capaz de colocar aquello en palabras.

    Tengo miedo de que ese frío agazapado dentro de mí se libere, se expanda y me invada entera. Temo helarme por dentro y no poder volver a acercarme a nadie. No tengo miedo de quedarme sola, sino a lo que yo misma me podría hacer. Acabar de convertirme en isla, en esta escalada hacia el norte de mi interior, y no querer a nada ni nadie a mi lado nunca más.

    23 marzo 2007

    Supergirl

    You can tell by the way
    she walks that she's my girl,
    You can tell by the way
    she talks she rules the world...

    You can see in her eyes
    that no one is her chief.
    She's my girl - my Supergirl

    And then she'd say "It's OK,
    I got lost on the way
    but I'm a Supergirl,
    and Supergirls don't cry."
    And then she'd say "It's alright,
    I got home late last night
    but I'm a Supergirl,
    and Supergirls just fly."

    And then she'd say
    that nothing can go wrong.
    "When you're in love,
    what can go wrong?"

    And then she'd laugh
    the night time into the day
    pushing her fears further along...

    And then she'd say "It's OK,
    I got lost on the way
    but I'm a Supergirl,
    and Supergirls don't cry."
    And then she'd say "It's alright,
    I got home late last night
    but I'm a Supergirl,
    and Supergirls just fly."

    Then she'd shout down the line,
    tell me she's got no more time,
    cause she's a Supergirl,
    And Supergirls don't cry.

    Then she'd scream in my face
    tell me to leave, leave this place,
    cause she's a Supergirl...
    And Supergirls just fly.

    Una de mis canciones preferidas en el mundo.

    ¿Y quién me canta esto ahora?

    22 marzo 2007

    1946

    18 marzo 2007



    Y esto es lo que se ve desde mi ventana.

    Sin coña.

    15 marzo 2007

    Leon

    12 marzo 2007

    Otto en los ojos de Ana



    Voy a quedarme aquí todo el tiempo que haga falta. Estoy esperando la casualidad de mi vida, la más grande. Y eso que las he tenido de muchas clases.
    Sí. Podría contar mi vida uniendo casualidades.
    La primera, la más importante, fue la peor. Llegó enganchada a una tragedia.

    Los amantes del círculo polar

    11 marzo 2007

    Peeping



    Si yo no fuera yo, probablemente escribiría un post mucho más bonito. Pero han aparecido cosas ahora mismo que no me atrevo a mirar de frente del todo por miedo a que (¡plop!) desaparezcan. No estoy acostumbrada a tener esperanza, pero no puedo evitarlo.

    Hacía mucho tiempo que no me sentía tan vulnerable.

    Y me gusta...

    07 marzo 2007

    Gift



    Selma se sume en el estudio del menú, como delante de un difícil problema de matemáticas; pero por más que se esfuerza, las palabras bailan ante sus ojos. Ruptura... Va demasiado rápido. No puede haber ruptura donde no existe nada.

    -¡Nada! -se oye decir.

    -¿Cómo?

    Ella enrojece, balbucea que estaba pensando en otra cosa. Para sacarla del apuro y sin preguntarle su parecer, Harvey hace el pedido.

    -Y ahora, dígame: ¿qué era ese nada que afirmaba con tanta determinación?

    Selma calla. ¿Puede decírselo?

    -Tiene razón -sigue él.- Aparentemente no tenemos nada en común. Eso es lo que piensa, ¿no es cierto?: "¿Qué estoy haciendo yo, la princesa Selma, con este yanqui?"

    Él le toma de las manos para impedirle protestar.

    -En realidad, esto no es lo que usted piensa, sino lo que los demás piensan por usted. ¿No cree que es hora de que piense por sí misma?

    -¿Cómo se atreve?

    Alcanzada en lo más hondo, intenta zafarse, pero Harvey la sujeta.

    -Efectivamente, soy injusto: ustde comenzó. De lo contrario, no habría habido la velada de ayer y no estaríamos juntos hoy. Pero tiene tan poca costumbre de hacer lo que verdaderamente tiene ganas de hacer que en este momento sólo quiere una cosa: huir.

    Le suelta las manos.

    -Es libre, Selma. Pero piense: tal vez no tenga importancia que huya de mí, pero ¿se pasará toda la vida huyendo de usted misma?

    Selma se inmoviliza. Este hombre es peligroso, ella apenas lo conoce y ya carga como un toro en sus jardines más secretos. Sin embargo, en lugar de levantarse y partir, se oye decir con una voz de niñita terca:

    -Se equivoca, yo no le huyo. Al contrario, durante mucho tiempo traté de comprender quién era y lo que quería. Pero cuanto más buscaba, más me perdía, por eso renuncié y decidí vivir.

    -Querrá decir que renunció a vivir. A menos que usted considere que son vida los giros de la muñeca mecánica. Selma -se inclina hacia ella y la mira intensamente- Selma, ¿de qué tiene miedo?

    ¿Por qué permite que la interroguen? Quisiera partir, pero no puede hacer ni un gesto. A pesar de ella misma, murmura:

    -A menudo tengo la impresión de no ser nada y al mismo tiempo ser todo, y no sé qué posibilidad me horroriza más pues, en ambos casos, yo desaparezco.

    ¿Qué la ha impelido a confiarse a ese extraño cuando desconfía de todos sus amigos parisinos? ¿Acaso es su calma la que se impone? Una calma que, más que un lago tranquilo, parece un cielo después de la tormenta.

    -Nada y todo -repite él mirándola gravemente, -pero si eso es justamente lo que somos. Es horroroso para nuestro pequeño yo, estoy de acuerdo.

    Y como ella lo mira asombrada de aquellas palabras algo grandilocuentes pero que resuenan en lo más profundo de sí, él la toma por los hombros.

    -Salga de su sueño, Selma, usted es una mujer. ¿Tiene conciencia de lo que eso significa? Es el más hermoso título de nobleza, todo lo demás sólo son frivolidades ridículas que obstaculizan el flujo de la vida. ¿Nunca se preguntó por qué yo la llamaba "diosa" y no "princesa"? Porque quiero que se libere de ese título que la limita, pues usted es mucho más que una princesa, usted es un ser humano con sus infinitas posibilidades. [...] No te reprocho nada; desde la infancia te han adiestrado para gustar, cepillando, puliendo, acondicionando todo lo que era espontáneo en ti, para que pudieras endosar sin esfuerzo tu traje de princesa. Aunque mientras no te liberes de él no podrás amar.

    >Pero que esto no le quite el apetito -concluye con una carcajada depositando en su plato un magnífico trozo de poularde.


    De parte de la princesa muerta - Kenizé Mourad

 



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