Now that it seems so far away

Yo entonces tendría unos 9 o 10 años. Menos, quizá. Más, no. Nuestros padres nos habían dejado entonces solos en un cuarto, a mi hermano, al otro niño y a mí, para dormir juntos. Como mi hermano y yo queríamos dormir con él, tuvieron que juntarse las dos camas, pegadísimas. Él se acostó en medio y yo, separada de él por la cruel sábana que se remetía hacia dentro (él estaba en la misma cama que mi hermano) no podía tocarle. Pero me pegué mucho, todo lo que pude, a su cuerpo cálido.
Yo era Tontina entonces, pero no era inocente. O al menos, no como se hubiera debido esperar d una niña tan dulce, porque yo sabía que ese temblor y esos arañazos en el estómago que sentía cuando él estaba cerca se relacionaban con el deseo. Yo era inocente, pero sabía que le deseaba.
La luz de la luna entraba por la ventana iluminando las cabezas de los dos durmientes: la castaña de mi hermano y la negra del otro, respirando suavemente bajo mi mirada fija. Lo deseaba. Lo quería, quizá. O creía quererle, que en el fondo es lo mismo. Y me quedé mirando mucho, mucho tiempo cómo dormía. Preguntándome si él también habría sentido ese temblor y esos arañazos.
Era bastante guapo, pero llegaba a ser hermoso con el sueño. Casi creo recordarle cuando cierro los ojos: el espeso pelo negro, los gordezuelos labios infantiles, las cejas rectísimas. El lunar a la derecha de la barbilla. Y casi me veo a mí como era entonces, una niña en pijama con el pelo desbordado en una cascada de ondas y enredones, los ojos gatunos y ojerosos mirando sin pausa al primero que desee, tal vez al primero que quise. Una niña obstinada que quiso poder más que su sueño y así vivir completa esa noche con él, la única que pasaría así a su lado nunca.
En algún momento debí caer dormida, tras observar durante horas el perfil del niño durmiente, agotada tras el esfuerzo del querer sufrir consciente, de no dormir por sentirlo más mío. Entonces no tenía insomnio.
Debí dormirme, porque había amanecido y ya las sábanas estaban revueltas, la cruel barrera de la tela desaparecida. Y yo abrí los ojos entre sus brazos, y le ví despertar conteniendo la respiración.
















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