
Celine: Así que me estás diciendo que las relaciones satisfactorias... ¿se programan en el Cielo? ¿Que no estan basadas en la practica diaria de dos personas de tolerar las imperfecciones del otro?
Robert: No son relaciones satisfactorias, Celine. Es amor. Y viene de un extraño y maravilloso lugar del que nada sabemos.
Celine: De modo que rechazas la idea de que el amor es simplemente una adaptacion emocional a una necesidad física?
Robert: Completamente.
Celine: ¿¿Lo dices en serio??
A life less ordinary
No me apetece escribir, así que voy a dejar que un artista invitado lo haga por mí. Esta personita, que también tiene un blog llamado A La Horca Todos Los Que No Son Yo (ejem), me conoce de hace ya casi 5 años, de modo que supongo que sabe lo que hace.
Con todos ustedes, Holden:
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Una vez ví un rinoceronte hecho con caucho de las ruedas. Era tan solo el busto, ya saben, de cuello para arriba. Negro y con un bonito cuerno retorcido. Dicho lo cual, voy a tener que volver a empezar, porque acabo de caer en la cuenta de que no era un rinoceronte, sino que quise decir unicornio. Pero mejor no empezaré a escribir de nuevo, porque esto les dará a ustedes una idea decente de cómo soy yo.
Podría perfectamente haber nacido hijo de un millonario excéntrico y famoso de los Estados unidos, venido de la típica familia de “capitalistas inmensamente ricos”. Aún me gusta imaginarme la palabra capitalista como lo hacía cuando era pequeño: un tipo enorme y gordo, como un cerdo alzado sobre sus cuartos traseros, vestido con traje negro y pajarita, con su inmenso sombrero de copa, fumándose un enorme y maloliente puro y con un extravagante monóculo de oro en el ojo izquierdo. Pero esa no fue mi suerte. Un servidor viene de una familia modesta de un pequeño pueblo de Segovia, conocido como Valtiendas, aunque lo de conocido es un modo de hablar, pues como quien dice, mi pueblo es pequeño, enano, de tan solo 36 habitantes. Crecido en la Villa de Madrid, y bautizado por Laura a los 19 años de mi vida como “Holden” (fuentes completamente fiables aseguran que se debe al protagonista de “El guardián entre el centeno”). Me gané su cariño, comprensión, y sus patadas en la espinilla, entre otras cosas gracias a mis increíbles pero verídicas anécdotas.
Pero en lo que realmente debo centrarme no es en mi rebautizo como Holden, sino mas bien en el mote, también de Laura, como “el Ewan Mc Gregor según Danny Boyle”. Para empezar, diré que el tal Danny Boyle es el director de películas como “Trainspotting” o “Una historia diferente”. Supongo que ahora viene cuando les explico a ustedes a que viene semejante mote. No es difícil, para quien me conozca y haya visto alguna de esas dos películas, relacionarme con los personajes que interpreta Ewan. Podría empezar dándoles mi versión del asunto, pero creo que es de recibo, y que será mas agradable para ustedes, leer primero la versión de Laura.
Según esta amable señorita, yo soy claramente el Ewan que en “Una historia diferente” se desmaya, cayendo en brutal escorzo, al ver la sangre cuando la protagonista se corta las venas para escribir la carta de su propio secuestro. O también, según dice, soy el Ewan que llama para pedir un rescate y se equivoca de número de teléfono. El mismo que en la llamada anterior (todas ellas intentando parecer un fiero secuestrador) casi había terminado por pedirle perdón a un millonario por secuestrar a su hija, y lo habría hecho, de no ser por la intervención de la secuestrada. El mismo que en otra llamada grita como un energúmeno : ”Muy bien hija, tengo aquí a su cabrón y voy a enviársela …” Y después, tratando de volver a marcar, se le cae la moneda al suelo y la pierde.
En lo que ambos coincidimos es sobre todo es en lo mal que se me da enfadarme, y los patéticos resultados que mis pataletas dan. Nos referimos, sin duda, al momento estelar en el que Ewan coge el robot friega suelos por el cual le han reemplazado en la empresa y lo trata de tirar por la ventana, con tan mala fortuna que rebota y tras la caída continua limpiando. Brillante.
Recuerdo que ya por mis 16 añitos era un delincuente juvenil de cuidado. Recuerdo como una vez entre yo y Flavio, mi inseparable compañero de fatigas, planeamos como redecorar un vagón de “Metro”, y luego una huída espectacular, como sacada de una película, saltando vallas, con los policías siguiendo nuestros pasos. Si, los policías. Esos simpáticos señores, tan elegantes, vestidos de azul con sus porras, y con los ojos inyectados en sangre. Recuerdo muy bien, que durante la huida, una valla que habíamos roto para poder salir ahora era nueva, y su color cromado y brillante, de acero, me puso los huevos de corbata. Y recuerdo como la tuvimos que saltar, con la policía metiéndonos algo de prisa, ya me entienden. El resultado, en vez de una huída espectacular de película, fue que cuatro chiquillos que se creían los mas macarras del barrio, terminaron escapándose por muy poco de una noche en el calabozo y con cortes sangrantes por todo el cuerpo. Un consejo: nunca salten las vallas del metro. Una amiga mía perdió un dedo haciendo esto mismo. Esta es la parte trágica de mi historia. Pues eso, que al “Ewan McGreor” de Danny Boyle también le salen mal los planes.
Y pienso, mi querido y audaz público, que ha llegado el momento de poner fin a mi pequeño proyecto de texto. Y terminaré diciendo que si bien es cierto que me parezco al Ewan con el que llevo media hora aburriéndoles, no es menos cierto decir que a Laura el papel que desempeña Cameron en la misma película, o lo que es lo mismo, la secuestrada, le viene como anillo al dedo. Pero esa es otra historia.