Oblivion

Más crónicas de días grises

    29 noviembre 2007

    From the blue



    Me encantan las cajitas. Tengo muchísimas, y guardo en ellas muchas cosas de cualquier tipo. En ocasiones las pongo en ellas de forma temporal, esperando tenerlas a mano, y no vuelven a aparecer ante mis ojos hasta pasados muchos años. Al redescubrirlas, a veces me emociono hasta llorar -que yo lloro mucho-, y otras doy vueltas entre mis dedos a objetos que ya no significan nada.

    Tengo mi cajita de secretos, diminuta y de metal, de Fisherman's. Era de mi abuelo, y cuando él vivía siempre tenía en ella caramelos para darme. Ahora contiene un mechón de pelo, un par de trozos de papel escrito, un gato diminuto y algunos otros tesoros que nadie podrá desentrañar nunca. Procuro no mirarla más de una vez al año, para que su interior nunca se vuelva vulgar y anodino.

    Tengo un sobre cerrado de 1999 en el que por fuera pone que no debe abrirse hasta 2009 por mí, salvo que yo no esté. Lo preparé hace casi 9 años, e ignoro totalmente qué contiene. Sé que hay una carta. Si sigo viva dentro de poco más de un año lo descubriré.

    Tengo muchos cuadernos y disquetes llenos de cosas que escribí y que he preferido olvidar, o al menos ante las que he querido cerrar los ojos. Están ahí, mirándome entre los escondrijos de mi cuarto. A veces una de ellas me salta a los ojos y me dice: "Mírame". Y da igual lo que quiera hacer entonces, porque estoy perdida.

    28 noviembre 2007

    Post de septiembre de 2005

    Visita nocturna

    Hace unos meses leí una historia extraña pero verídica que le sucedió a Kafka, y me gustó tanto que decidí compartirla con vosotros. Pues bien. Resulta que Kafka estaba paseando por un parque cuando encontró a una niña llorando. Rápidamente se acercó para consolarla y ésta le explicó que lloraba porque había perdido a su muñeca. Kafka se ofreció a buscarla con ella y, al ver que no aparecía, se alejó un momento para volver a contarle a la niña que la acababa de ver. Al parecer, la muñeca tenía mucha prisa por irse a recorrer el mundo y le había pedido que le dijera a su dueña que no se preocupase porque la escribiría todos los domingos. Enviaría las cartas a ese señor tan amable que la había encontrado y él se ocupará de llevárselas.

    La niña escuchó feliz y con unos ojos enormes a Kafka, y quedaron en verse el domingo siguiente. Kafka llevó con él la carta de la muñeca, y la niña escuchó arrobada su lectura. A ésa carta le sucedieron muchas, muchas más, de modo que la correspondencia se convirtió en un cuento maravilloso en que la muñeca pasa revista al mundo que ha ido a conocer. Así, Kafka no convenció a la niña de que no debía llorar enseñándola que puede comprar otra muñeca; sino que la mostró que tenía razón en sentirse así y, con el tiempo, esas cartas la ayudarían a aceptar que muchas veces debemos aprender a despedirnos de las cosas que amamos, que es distinto de perderlas.

    Y es que los niños, todos los niños, necesitan cuentos que les ayuden a sobrellevar la angustia que sentirán tantas veces en su vida; una angustia que no tiene que ver con la razón y que poco se puede solucionar con ésta.
    Porque da miedo la noche y su reino oscuro de sombras, los largos pasillos de una casa, el imaginario parpadeo de una muñeca de porcelana, los ruidos misteriosos. Es absurdo explicar a un niño que en una casa de la ciudad no es concebible que aparezca un tigre o un murciélago gigantesco con el único propósito de devorarlo. Negar lo razonable no hará que el niño deje de sentir ese terror. Por eso están los cuentos: no por sadismo del que los crea, sino para ponerse del lado del niño que se ama. Es lógico que tengas miedo, se les dice a los niños con estos relatos, pues la vida está llena de cosas que no comprendemos; pero también hay aliados fantásticos que vendrán en tu ayuda, y facultades como la astucia, el valor o la imaginación, que te ayudarán a defenderte de los monstruos devoradores.

    Quizás un psicólogo no hubiera aprobado la actitud de Kafka. En realidad, los psicólogos no aprueban casi nada -sobre todo de los remedios antiguos. Pensaría que engañaba a la niña. Tendría que haberle dicho que la muñeca se había perdido, y enseñarle desde pequeña que la vida es así de complicada, en vez de darle falsas esperanzas.


    Pero los verdaderos cuentos no tienen que ver con las falsas esperanzas. Y no sólo eso: los cuentos no sólo tranquilizan a los niños, sino que les animarán a que sean atrevidos y curiosos, pues los cuentos no han nacido para comentar la vida sino para completarla. Para dar una visión a los problemas que antes o después habrán de encontrarse, y no tener entonces miedo. Eso es más o menos lo que Kafka le vino a decir a la niña; que quizás lo verdaderamente raro es que los juguetes que se dejan al pie de la cama durante la noche sigan en el mismo lugar cuando nos despertamos... Una visión así nos hace ver los objetos del mundo desde el asombro, con los ojos de los que ven su paso por la Tierra como una aventura fugitiva, pero digna de ser vivida. Ésas son las lecciones de los cuentos. La lección de La Cenicienta es que sólo los humildes pueden encontrar las llaves del amor; la de La bella y la bestia, que hay que amar las cosas antes de que se vuelvan amables; y la de La bella durmiente, que es uno de mis cuentos preferidos -junto con La bella y el león, de los Grimm, y algunos más- que todos los niños al nacer entre todos sus dones reciben la maldición de la muerte, y que la muerte puede desvanecerse hasta transformarse en un sueño.

    No son malas lecciones, ¿verdad? En ese caso,
    ¿por qué los adultos renuncian a ellas cuando están al lado de los niños que aman?

    23 noviembre 2007

    Sintió entonces un frío muy grande



    "La primavera", se repitió Ardid, sin conocer lo que decía, sin desear conocerlo. "Tan sólo a la primavera..."

    "Es tan joven -resumió al fin, espantando como solía sus fantasmas- Es aún tan joven... Tiempo habrá donde no temerá ni al invierno, ni al sol, ni al hombre... Tiempo habrá aún, para no temer a nadie..." Y aunque una súbita idea -"excepto a sí misma"- bullía en su mente, también la apartó en las grutas de la memoria. Seguramente, junto a otros muchos recuerdos, igualmente inoportunos y demoledores.


    Ana Mª Matute - Olvidado Rey Gudú

    17 noviembre 2007

    I'm here



    A lo largo de estos días, no es que me sienta más feliz; me noto en paz conmigo misma, que creo que es mejor.

    11 noviembre 2007

    Oh, I take care of myself



    "Verás que la vergüenza es como el dolor: solamente se siente una vez"
    Marquesa de Merteuil



    Una vez me hice una máscara.

    La hice al ver el mundo que se me venía encima, para poder resistirlo sin hundirme. Al menos, detrás de la máscara nadie me vería llorar.

    Hoy busco los bordes y no están. La sigo llevando puesta, pero su dureza ya forma parte de mí. No sé si existe herramienta que pueda librarme de ella, pero en realidad no quiero.

    Es porque sé lo que encontraría debajo: carne muerta, y restos de gusanos. La niña que cubrió su cara hace tantos años se ha ido hace mucho, mucho tiempo.

    08 noviembre 2007

    Meme



    TENGO:
    Yo tengo: 37 ponis.
    Yo deseo: dormir bien.
    Yo odio: perder cosas.
    Yo le tengo miedo: a perderme de noche.
    Yo lloro: muchas veces.
    Yo pierdo: cualquier cosa que necesite.
    Yo necesito: abrirme más.
    Yo le debo: la vida a un par de personas.
    Me duele: que no puedas leer esto.

    SI o NO??
    Tienes un diario: no.
    Te gusta cocinar: no.
    Tienes un secreto que no le hayas contado a nadie: si.
    Pones tu reloj unos minutos adelantado: 15.
    Crees en el amor: según el día.
    Te bañas todos los dias: no.
    Te gustan las tormentas: si -al otro lado del cristal.

    ¿Quién es?
    La persona más rara: mi madre.
    La persona más molesta: ¿una sólo?
    La persona que te conoce mejor: yo.
    La frase que más usas en el MSN: emoticon ^^
    Tu grupo favorito: mmm... Leonard Cohen (aunque no es un "grupo").
    Tu mayor deseo: seguir adelante.

    Otras preguntas:
    Signo: Aries
    Color natural de pelo: castaño.
    Color de ojos: verde oscuro.
    Número favorito: 7
    Días favorito: sábado.
    Estación del año: no sé.
    Deporte favorito: ¿perdón?
    Café o té: café.
    Montaña o playa: Playa con bosque cerca.
    Sol o nieve: sol.

    En las últimas 24 horas he:
    Llorado?: No.
    Ayudado a alguien?: si.
    Comprado algo?: si.
    Enfermado?: Si U.U
    Ido al cine?: no.
    Salido a cenar?: no.
    Dicho te amo?: no.
    Escrito una carta?: no.
    Perdido a un novio?: no.
    Hablado con alguien que hace tiempo no hablabas?: no.
    Escrito en un periodico?: dibujado más bien.
    Abrazado a alguien?: si.
    Peleado con un pariente?: no.
    Peleado con un amigo?: bueh...
    Soñado despierta?: muchisimo.

    Alguna vez podría...
    Comer un gusano: según quien me lo ofreciera.
    Matar a alguien?: si.
    Besar a alguien del mismo sexo?: si.
    Tener sexo con alguien del mismo sexo?: si.
    Lanzarte de un paracaídas?: si.
    Cantar en un karaoke: arg. (si)
    Emborracharte?: si.
    Robar en una tienda?: ehhh.
    Usar maquillaje en público?: si.

    05 noviembre 2007

    Bloody feline



    Cuando estoy enferma, mi cabeza me juega malas pasadas. Creo que le resultará divertido, suponiendo que se trate de un ente ajeno a mí misma que se divierta con mi contrariedad. Así, cuando estoy débil y soy más impresionable, y sobre todo si rozo con los dedos la fiebre, puede hacer que me incorpore de un salto en un momento. Es lo que ha hecho ahora. Así, sin pensar en nada y sin canalizar nada, sólo dejando vagar mi mente por los límites de la duermevela, me ha venido un recuerdo de repente, tan vívido que me ha empañado los ojos y me ha hecho un nudo en la garganta. A veces me pasa esto, y es duro disimular. En realidad, más que un recuerdo, como una secuencia lógica de hechos, me ha vuelto a la memoria una sensación.

    Y es que es una experiencia extraña besar a alguien con la boca llena de sangre. Es como asaltar una fortaleza inexpugnable para encontrar el tesoro mas preciado. La sangre te ahoga, te repele. Lo cubre todo y forma un muro que te impide avanzar, te impide respirar. Hace que tu boca, y la de la otra persona, sepan distintas. El aliento de una persona filtrado a través de su sangre es nauseabundo. Es frío y sabe amargo, metálico. La sangre corre por las caras enlazadas al desbordarse, como un ciempiés con patas de acero, desagradable; y tus sentidos chillan y exigen que te retires, que cejes en esa tortura.

    Recordé también cómo a pesar de todo, de la repulsa de tu cuerpo y de tu conciencia, no quieres parar ese momento. Porque parar significa separarse y, ya sea con amor u odio, el contacto a través de la sangre es un acto íntimo y perversamente satisfactorio. Además, en lo más profundo sabes que el otro siente igual y deseas que sufra contigo, como él quiere que tú lo hagas.


    He pensado que era injusto callármelo.

 



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